TALLER DE HABILIDADES CANINAS Y MUCHO MÁS

21730941_611475005643429_7368734806595573359_nEl fin de semana pasado tuve la suerte de impartir, junto con Empar Panach, el Taller de Habilidades Caninas que tuvo lugar en el centro de educación canina y agility La Manada, situado en Alboraya (Valencia).

Me gustaría compartirlo con vosotros porque no solo se trata de que tu perro haga piruetas graciosas a nuestra “orden”, no. Se trata de compartir con tu mascota un tiempo de calidad mientras se forjan muchas más habilidades.

Para empezar, enseñamos las bases sobre cómo comunicarte con tu mascota para que te entienda. Si queremos tener un perro obediente y equilibrado es totalmente necesario saber cómo aprenden, cómo piensan y cómo procesan la información. La mayoría de trastadas o comportamientos que un perro repite continuamente, por mucho que le riñamos o lo castiguemos, se suceden porque nosotros no sabemos explicarles qué es lo que realmente queremos y, por tanto, no entenderán por qué nos enfadamos. Los perros son muy sencillos en eso: Repiten aquellas conductas que les reportan beneficios y dejan de hacer aquellas que no se los reportan. Lo malo es que, sin querer, muchas veces somos nosotros los que les estamos reforzando esas conductas “no adecuadas” con nuestra voz, nuestro contacto o con nuestro mismo enfado. Como ya he repetido en anteriores artículos, es mucho mejor y más efectivo premiar las cosas que nos gustan de ellos para fomentar su repetición, que castigar las que no nos gusta. Premiando conseguiremos que aprendan más rápido, que estén más motivados y que olviden las acciones que no queremos que se perpetúen. Y aquí está la base del aprendizaje que utilizamos en el taller.

Para entenderlo mejor, pensemos en cómo nos sentimos nosotros en nuestro trabajo. ¿Qué ocurre cuando tenemos un jefe que no para de decirnos todo lo que hacemos mal? Nos desmotivamos, estamos siempre alerta porque no sabemos cuando va a venir la siguiente bronca, nos estresamos… ¿Quién no sueña con un jefe que nos refuerce por todo aquello que hacemos bien, que nos dé muchas oportunidades de mejorar aquello que estamos aprendiendo y que nos ayude a entender lo que necesita de nosotros? Pues muchas veces, sin querer, nos comportamos como el jefe malo con nuestros perretes. Debemos recordar que cualquier conflicto que surja en el día a día se trata de un aprendizaje. Y como cualquier aprendizaje está permitido equivocarse. Y voy más allá, equivocarse es necesario para que podamos mejorar. Ya quedaron obsoletos los castigos físicos y psíquicos en el colegio cuando cometíamos un fallo. Hagamos lo mismo con nuestras mascotas. En este taller, aprendemos los dos juntos: nosotros a expresarnos de una manera que nos entiendan que evitará muchos futuros malentendidos, y ellos a escucharnos, a estar pendientes de nosotros, a pensar… Establecer una vía de comunicación con ellos nos servirá para cualquier acción del día a día: para que no se hagan pis en casa, que no muerdan ningún objeto de valor, que no pidan comida en la mesa, que paseen sin tirar…

En este taller se les enseñan múltiples acciones como sentarse, tumbarse, hacer una reverencia, hacer el osito, pasar por debajo de nuestras piernas, girar, chocar la pata, dar un beso… Puede parecer innecesario, pero lo importante de todo esto es el proceso de aprendizaje no la postura en sí. Durante este, el perro está en un entorno nuevo con más perretes a su alrededor, con lo que trabajamos que se centren en nosotros. Gracias a estos ejercicios fomentamos la concentración y conseguiremos perros que estén más pendientes de nuestras señales. Además, como todo lo hacemos con premios, amabilidad y ausencia de castigos, dueño y perro pasan un buen rato trabajando juntos y eso mejora muchísimo nuestro vínculo con ellos. Se quedarán a nuestro lado porque querrán estar junto a nosotros. Nos elegirán sobre todos los estímulos que hay alrededor (incluidos demás perros) porque para ellos seremos lo más interesante que existe. ¿No es el sueño de cualquier persona, que su perro esté pendiente de él y nos haga caso cuando le pidamos algo?.

Por otra parte, trabajar de esta manera hace que nuestros perros piensen un montón, desarrollen su mente y, en definitiva, sean más inteligentes. Los perros que más trabajen mentalmente serán perros más equilibrados y más confiados. Tendrán más recursos y sabrán solucionar mejor los conflictos que se les presentan en el día a día. Pensar les cansa un montón, más que estar dos horas tirándoles la pelota en el parque. Además este cansancio no les excita, sino que les calma, siempre que sea en su justa medida y con los periodos necesarios de descanso, claro. Si queremos perros tranquilos, es mucho mejor trabajar habilidades o hacer ejercicios de olfateo, que estar todo el día jugando con ellos. Por supuesto que también son necesarios los ratos de juego y los ratos de correr en el parque, pero siempre con moderación para evitar sobreexcitarlos.

Al contrario que el ejercicio físico, pensar les equilibra mentalmente. Además es algo que podemos practicar todos los días. Debemos dejar que nuestros perros piensen siempre. Por poner un ejemplo, cuando estamos paseando por la calle y queremos ir hacia un sitio y nuestro perro quiere ir hacia otro, ¿la gente normalmente qué hace? Tirón de correa y se lo llevan medio arrastrado generando una situación muy desagradable, estresante e incluso dolorosa para él. Algo tan sencillo como eso se solucionaría parándonos un segundo, dirigiendo nuestro cuerpo hacia la dirección que queremos ir, e incluso llamándole o introduciendo un comando como el “por aquí”. Se trata de informar a nuestro perro de lo que va a suceder. Solo con dirigir nuestro cuerpo en otra dirección, normalmente el perro acabará por seguir esa dirección si le damos un tiempo para acabar de oler o escuchar lo que le ha llamado la atención del otro sentido de la calle y tiempo para pensar qué queremos de él. Si no, le ayudaremos llamándolo o con el comando. Y si al venir le reforzamos esa conducta con un premio, entonces será perfecto. La próxima vez que se repita una situación parecida, el perro tardará mucho menos en aparecer a nuestro lado. Hemos hecho que piense y además que nos siga porque quiere, por lo que poco a poco, esto acarreará muchas mejoras en el paseo.

Por último, el taller es una oportunidad de oro para que los perretes se socialicen de manera calmada y bajo supervisión. Al trabajar mentalmente, están más tranquilos y es un buen momento para que pasen tiempo con más perros. En perretes con experiencias traumáticas o miedos hacia perros o personas, es muy importante sumar experiencias chulas para que entiendan que no tienen nada que temer.

En definitiva, creo que el taller de la semana pasada fue una experiencia muy bonita. Los perretes estuvieron muy atentos y sus dueños supieron respetar sus tiempos de aprendizaje. Repetiremos el tercer domingo del mes que viene, así que no dudes en apuntarte si quieres experimentar todos los beneficios que puede traer a tu vida el disfrutar y entender a tu perro. A ellos les encanta pasar tiempo con nosotros y que nosotros les dediquemos toda nuestra atención, así que ¿qué mejor manera de disfrutar de una mañana de domingo que compartiendo nuestro tiempo con los seres que más nos adoran?

TIRONES NO, GRACIAS.

¿Cuántos tirones bruscos a través de la correa le das a tu perro en cada paseo?

 

El post de hoy surge de la tristeza que me genera ir paseando por la calle y ver lo mal que los dueños tratan a sus perros durante el paseo. Algo tan chulo como salir a caminar por la calle con tu “mejor amigo” puede llegar a convertirse en una verdadera tortura para nuestro perrete. Y escribo “mejor amigo” entre comillas porque dudo que, cuando quedéis con vuestros amigos o pareja para dar una vuelta, los tratéis de igual manera que tratáis a vuestro perro. De ser así, nos quedaríamos sin amigos en dos días. ¿Os imagináis salir a pasear de la mano de vuestra pareja y que ésta os tire fuertemente del brazo cada 5 minutos?: cada vez que os queréis parar a mirar un escaparate, cada vez que os acercáis a saludar a alguien, cada vez que os alejáis un poquito de ella… No pretendo incomodar o culpabilizar a nadie, sólo intento que reflexionemos sobre la manera en que nos comportamos con aquellos seres que siempre nos reciben con alegría, que siempre nos perdonan nuestro mal humor y para los que somos lo más importante en el mundo. Siempre estamos a tiempo de rectificar y de mejorar nuestra relación.

Pies na spacerze

 

Muchos estaréis pensando: “¡Pero si es mi perro el que tira de la correa!, ¿tendré que hacer algo, no?” Sí, evidentemente, pero la solución para que vuestro perro deje de tirar de la correa NO es pegarle un tirón más fuerte. ¿O acaso habéis conseguido algo con ello? ¿Al día siguiente sale sin tirar? No, ¿verdad?. Pues entonces es que no ha entendido lo que queréis decirle. No os podéis imaginar lo deprimida que he llegado a casa esta mañana después de ver como una mujer le ha pegado 20 tirones de correa en menos de 5 minutos a su perro (los he contado) para que dejase de tirar. Todo ello mezclado con gritos de “¡Quieres no tirar!”, “ ¡Quieres parar!”, “¡Sit, sit, he dicho que sit!” y alguna palmada fuerte en el culete. El perro era un cachorro. Un cachorro que tiraba porque quería cruzar rápido la calle para poder llegar al parque y saludar a los perretes que había allí. La señora creía que estaba corrigiendo a su perro por tirar, pero lo único que hacía era castigar a su perro por querer ser sociable, por querer saludar a sus amigos, por querer llegar pronto al césped para olisquear. He llegado a oír al perro gemir por tanto castigo injustificado. Y no creáis que esto es algo esporádico, cada día presencio escenas como ésta. Pensadlo un momento, por favor… 20 tirones en 5 minutos… si el paseo dura media hora… y son tres paseos al día… Es que no puedo, ni quiero, calcular cuántos tirones se ha llevado ese perrete cuando cae la noche… Os invito de verdad a que contéis cuántos tirones le dais a vuestro perro en cada paseo y multipliquéis. ¿A vosotros os gustaría salir a pasear de ese modo? ¿Cómo saldríais de casa si supierais lo que conlleva ir a la calle? Saldríais estresados, ¿me equivoco?. Cada vez entiendo mejor que muchos perros paseen lo más alejados posible de sus dueños y, que cuando los sueltan y los llaman, no quieran volver a su lado. Así yo tampoco querría…

 

Me gustaría destacar dos cosas:

En primer lugar, que el perro tire de la correa durante el paseo no se corrige pegándole un tirón más fuerte. Eso todavía le estresa más ya que no entiende por qué le estamos tratando así, y es posible que continúe tirando más fuerte para intentar alejarse de ese dolor. Es como si me decís que para enseñarle a un niño que no se debe pegar lo hacéis pegándole más fuerte. Además nuestra relación se verá muy perjudicada porque nosotros seremos los causantes de su sufrimiento. A un perro se le debe enseñar de manera amable a pasear tranquilo.

Y en segundo lugar, los perros no entienden el castellano. Asocian palabras a consecuencias, por lo que, a no ser que le enseñéis la orden “no tirar” de manera amable, el perro nunca sabrá lo que significa que le gritéis “¡no tires!”. Dejará de hacer lo que estaba haciendo (tirar) por el susto y por miedo, pero no aprende nada de ello salvo que salir contigo de paseo es muy desagradable.

 

En el caso de la señora, que os he comentado, hubiera bastado que se quedara completamente quieta mientras el perro estiraba para cruzar. Llamarlo con un tono de voz amable en ese momento para que venga a nuestro lado, y en cuanto la correa se hubiera aflojado un poco, cruzar. Si eso lo repetimos durante los sucesivos paseos, el perrete aprende que mientras haya tensión en la correa, nos quedamos quietos, sin decir nada, no avanzamos. Pero en cuanto deja de haber tensión, hay movimiento, y él consigue llegar a su destino. Enfadarse, gritarle y castigarle no sirve absolutamente para nada. El perrete está aprendiendo algo nuevo, y nadie aprende bajo tanta presión.

 

Como cada perro es un mundo, lo principal es evaluar por qué el perro tira de la correa. Muchas veces todo se reduce a estrés. Salir a la calle es muy excitante para ellos: olores nuevos, perretes, juegos, ruidos, gente… Nuestros perros se pasan el día encerrados en casa y sólo salen cuando se lo permitimos. Cuando nosotros nos pasamos el día trabajando o estudiando y salimos a dar una vuelta, ¿verdad que lo hacemos para despejarnos y pasarlo bien? Pues los perros también. Ese debería ser su momento de disfrute, no su castigo. Yo no soy partidaria de utilizar collar en perros que caminan ahogándose, el cuello de los perros es más delicado de lo que nos pensamos y recibir en él todos los tirones puede causarles múltiples lesiones en el futuro. Hay estudios que lo demuestran. Yo opto por poner un buen arnés. Hay de varios tipos y podemos elegir el que mejor se adapte a nuestro perro. Por supuesto queda fuera de toda discusión los collares de pinchos, las correas de lazo, los halties… Todo ello no produce más que dolor y futuras lesiones, y el dolor no hará que nuestro perro aprenda a pasear tranquilo, sino que lo cargará de miedo y estrés. Igual nos sucedería a nosotros si cada vez que saliéramos a la calle nos calzaran unos zapatos que nos hicieran muchísimo daño para que no corriéramos. Caminaríamos más despacio, sí, pero al llegar a casa estaríamos doloridos y estresados del paseo y temeríamos la próxima salida. ¿De verdad queremos corregir a nuestro perro a base de dolor? Porque ahí estamos evitando que tire por miedo a sentir malestar, no porque haya aprendido a pasear calmado. Igual conseguimos que vaya más lento, pero subirá a casa estresadísimo, y ese estrés lo descargará en otro momento (rompiendo algo cuando no estemos delante, ladrando a todos los perros que vea…). También es muy importante utilizar una correa larga durante los paseos que nos permita darle distancia cuando quiera acercarse al césped o a un árbol. Una correa de 50cm, como las que veo por ahí, no produce más que tirones por poco que el perro se separe de nosotros, y eso es justo lo que queremos evitar. Cuanto más larga sea la cuerda, más posibilidad de movimiento tendrá nuestro perrete sin necesidad de estirar de nosotros.

 

Arnés, correa larga y premios (comida) son los tres elementos esenciales que debemos procurarnos para salir a pasear. Premiaremos a nuestro perrete cada vez que camine a nuestro lado y, cuando lo haga, podemos empezar a introducir la orden verbal “junto”, diciéndosela de manera amable y alegre. Si cada vez que oye la palabra “junto” sabe que después viene un premio, nos sorprenderá lo rápido que se pone a nuestro lado para ganarse ese manjar. El comando “junto” nos vendrá muy bien cuando crucemos una calle, cuando vayamos por una acera muy transitada… pero, siempre que el entorno sea tranquilo y nos lo permita, podemos dejar que vaya un poco a su aire. Da igual que camine a nuestro lado, delante o detrás de nosotros siempre que lo haga tranquilo. 

 

Hay muchos motivos por los que un perro puede tirar de la correa, pero os aseguro que no es por fastidiar, ni por dominancia, ni porque le guste hacerlo. Para corregirlo, lo ideal es que consultéis con un profesional del adiestramiento en positivo, ya que hay que evaluar muchos factores que pueden influir. La mayoría de perros ya salen tan cargados de casa que tiran del propio estrés, igual que nosotros. Si estamos nerviosos porque hemos tenido un mal día, hemos discutido con la familia, no hemos dormido bien y tenemos mucha faena por hacer, ¿cómo caminamos por la calle? Rápido, en tensión. En cambio sí estamos felices, hemos tenido un buen día, estamos tranquilos y vamos a dar una vuelta, salimos relajados, paseamos más lento, disfrutamos del entorno y reparamos en las cosas de nuestro alrededor… Lo mismo les ocurre a los perros. Otros simplemente tiran porque el paseo no es nada placentero, saben que van a recibir muchos castigos físicos (tirones), que nos vamos a enfadar por cualquier cosa y que la vamos a pagar con ellos, y eso ya es motivo de mucho miedo y estrés.

 

En los paseos con mi perra suelo dejar que sea ella quien elija la ruta. Es su paseo y me gusta que lo disfrute por donde ella quiera. Le dejo oler y saludar a los perros que le apetezca. Utilizo una correa larga para que pueda moverse cómodamente y un arnés que no le haga daño. Las veces que tira entiendo por qué lo hace, puede que haya tenido un día más estresante, o se haya puesto nerviosa porque ha tenido algún encontronazo con un perro que no le ha gustado o, simplemente se haga pis y quiera llegar al césped lo antes posible para poder descargar lo acumulado durante toda la noche. Cuando sabemos a qué se deben los tirones, podemos entender qué le ocurre a nuestro perro y actuar de manera más coherente con ellos.

 

Los paseos son por y para ellos. Si no tuviéramos perro, no saldríamos 3 veces al día a dar una vuelta por los parques. Dejemos entonces que lo disfruten y nosotros con ellos. Un perro que disfruta de su paseo, será un perro mucho más tranquilo y equilibrado, y nuestra relación y vínculo con ellos mejorará enormemente. Tened en cuenta la cantidad de tiempo que dedicamos a los paseos. Si conseguimos que estos sean relajantes y agradables para todos, tenemos mucho terreno ganado en el equilibrio emocional de nuestro compañero. Además, estar a nuestro lado se convertirá en lo mejor que les puede pasar, incluso aunque haya otros perros a nuestro alrededor. Es entonces cuando podréis decir que vuestro perro es vuestro mejor amigo y viceversa.

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10 Cosas que creías sobre los perros y que NO son ciertas

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1. Para que tu perro sepa quien manda en casa tienes que poder meterle la mano en su comedero mientras está comiendo, o quitárselo directamente, sin que diga nada”. FALSO

✔ La comida es una de las cosas más importantes para ellos, es una necesidad básica de supervivencia, y no podemos jugar con ella. Si molestamos a nuestro perro mientras come, nuestro perro aprenderá que tiene que defender su comida. ¿Cómo reaccionaríamos si estuviéramos en un restaurante y el camarero nos quitara el plato cuando todavía no hemos terminado o nos metiera la mano dentro de la sopa? ¿Verdad que no nos quedaríamos callados? Y no por ello tendríamos un problema de comportamiento… Más bien al contrario, lo preocupante sería que no dijéramos nada.

2. “Hay que ignorarlo completamente al entrar en casa”. FALSO

 Somos lo más importante para nuestro perro. Cuando lo dejamos solo en casa, lo que más desea es que volvamos a su lado. El momento en el que entramos por la puerta es uno de los más felices para ellos. Siempre hay que saludarles pero de forma muy calmada. Basta un “hola guapo”, una mirada, una sonrisa. No hace falta más, solo que el perro sepa que lo hemos visto y que nos alegramos de verle. Lo que no se debe hacer es montar una fiesta al entrar: nada de gritos, saltos o un abuso de caricias. Eso sólo consigue estresar mucho a nuestro perro en un momento que ya de por sí es muy excitante. Hay que actuar calmado y con normalidad. Igual que si saludáramos a un familiar o amigo.

3. “Para que acepte al recién nacido hay que dejarle oler sus cacas”. FALSO

✔ El perro es el primer miembro de la familia en enterarse de que la mujer está embarazada. Lo reconocen por nuestro olor. Su olfato es excepcional y a través de él son capaces de reconocer estados de ánimo, enfermedades y hasta el olor del nuevo miembro de la familia. Cuando un bebé viene al mundo, el perro ya sabía que ese momento iba a llegar. Lo único que debemos hacer es actuar con total normalidad.

4. “Los perros en pisos pequeños no están bien”. FALSO

✔ Los perros pueden vivir en cualquier lugar siempre que se les proporcione los paseos y el ejercicio que necesitan. Los perros que viven en pisos tienen las mismas necesidades que un perro que vive en un chalet con una parcela de terreno enorme. Puede estar igual de desquiciado el perro del chalet que no sale a pasear, que un perro de un piso de 30 metros cuadrados. Todos necesitan salir de casa (sea lo grande o lo pequeña que queramos) para olfatear y pasear por sitios nuevos.

5. “Tenemos que dejarles claro que no pueden comer hasta que nosotros se lo ordenemos”. FALSO

✔ Cuando nosotros tenemos hambre sólo podemos pensar en comer, estamos incómodos, nos cuesta concentrarnos, la barriga nos hace ruido, no estamos a gusto y podemos ponernos muy nerviosos. A ellos les pasa lo mismo. Antes de ponerles el cuenco no es momento de pedirles que obedezcan órdenes (como un sit, un tumbado o algo por el estilo) porque es el instante en el que menos se pueden concentrar en satisfacer nuestros caprichos. Ese trabajo debe hacerse cuando el perro esté tranquilo. Esta pauta es especialmente importante para perros que comen muy rápido, engullendo y que son muy ansiosos con la comida. El momento de comer debe ser tranquilo. Le llenamos el comedero y se lo damos. Todo lo que les pidamos antes sólo hace que ponerles más nerviosos.

6. “Tienes que utilizar una voz imponente, fuerte y grave para que obedezcan tus órdenes”. FALSO

✔ Los perros reaccionan mil veces mejor a un tono agudo y un volumen bajo de nuestra voz que al grave y alto. Los tonos graves, al igual que los gruñidos, pueden resultar amenazantes o intimidantes. Si queremos que nuestro perro obedezca, mejor pedírselo de manera amable. Deberíamos tener un tono especial para hablar con los perros igual que lo hacemos con los niños. Ese tono de voz los motiva mucho más a venir y a hacer cosas a nuestro lado. ¿Cómo iríamos más rápido hacia alguien?, ¿cuándo nos grita enfadado o cuando nos llama con voz alegre y dulce?

7. “Hay que ser el líder: entrar primero en casa, no dejar que se ponga a nuestra altura, no permitir que vaya delante en los paseos…”. FALSO

✔ Los perros son los animales más sociales que existen. Ellos solo buscan vivir en armonía con el resto de su familia humana. Los perros de casa actuales poco tienen que ver con las manadas de lobos capturados en cautividad de las que se extrajeron todas las pautas de comportamiento que nos han querido inculcar. Una manada estaría constituida por miembros de una misma especie y su primera regla es que cada uno de ellos es libre de entrar y salir cuando quiera de ella. No podemos extrapolar ese modelo al de un perro que vive en un piso. No somos una manada, somos una familia. Una relación de respeto e igualdad da mucho mejores frutos, en cuanto a obediencia y a buen comportamiento se refiere, que una relación de dominancia e imposición. Eso sólo produce estrés y miedo. Los lobos del estudio utilizaban la dominancia porque los encerraron con miembros que no eran de su manada y contra su voluntad.

Los perros que obedecen por miedo lo hacen porque no confían en sus responsables humanos y temen sus reacciones. Y si no confías en alguien es muy probable que no estés a gusto a su lado. Debemos ser un referente de calma y tranquilidad y eso no se consigue sometiendo a nadie.

8. “Cuando ladren hay que darles un toque rápido en el cuello”. FALSO

✔ El toque del cuello hace que paren de ladrar porque los desconcierta, exactamente igual que si nosotros estamos gritándole a alguien y viene otra persona y nos da una bofetada, nos empuja o nos da un susto. En ese momento parará de ladrar pero volverá a hacerlo cuando vuelva a encontrarse en la misma situación. No estamos extinguiendo la conducta.

Los ladridos también son comunicación. Es la forma que tienen los perros de expresarse. Cada tipo de ladrido significa una cosa distinta. Cuando estos se vuelven continuos hay que evaluar en qué ocasiones ocurren y por qué para saber cómo reaccionar, pero siempre habrá que hacerlo de una forma calmada y sin establecer contacto físico con el perro (ni caricias ni golpes).

9. “Cuando hacen algo que no queremos que hagan, lo han hecho para fastidiarnos”. FALSO

✔ Si repiten una conducta por la que en otras ocasiones ya han sido regañados o castigados es porque esas veces no entendieron el motivo de enfado. Un perro no destroza la basura por fastidiarnos o para vengarse por haberle dejado solo. El rencor y la venganza es cosa de humanos. El perro lo hace porque en el cubo hay comida y no concibe dejarla por ahí igual que nosotros no podríamos ver un billete en el suelo y no cogerlo. Por este motivo entre otros, la educación en positivo no contempla riñas, gritos o castigos, porque es muy difícil que el perro entienda por qué se le está incriminando. El resultado puede ser un perro inseguro y con un miedo continuo a que en cualquier momento su dueño comience a gritar sin motivo aparente. Mejor que reñirle, habría sido esconder la basura en el armario. Hemos de anticiparnos a los problemas.

10. “Si tenemos un perro nervioso tiene que hacer un montón de ejercicio. Hay que cansarlo”. FALSO

✔ Siempre hay que hacer ejercicio, pero moderado. El exceso de ejercicio es igual de malo que el defecto. Cada perro está preparado para realizar una cantidad de ejercicio por sus condiciones físicas, de edad o de raza. Si les forzamos a hacer más, ellos cubrirán esa necesidad generando demasiada adrenalina, y esto puede tener efectos muy negativos. Es como si nosotros saliéramos a correr y, cuando ya estuviéramos deseando parar, alguien nos obligaran a correr 5 km más. Llegaríamos a casa cansados, sí, pero muy nerviosos y con una sensación muy desagradable. Podríamos incluso llegar a temer el momento de salir a correr si no respetaran nuestros ritmos. Un perro de por sí nervioso no necesita más adrenalina en su cuerpo. No hay que confundir a un perro “cansado” con “tranquilo”. Porque, una vez el perro descanse, los efectos de ese exceso de adrenalina que todavía permanecerán en su cuerpo se traducirán en estrés y más nervios durante los días siguientes.

Lo que más cansa física y mentalmente a un perro es un buen paseo largo y tranquilo por sitios donde pueda olfatear. Y si durante ese paseo puede ir un rato suelto, mejor. Así será él quien se gestione el ejercicio exacto que necesita.

PASEOS: El Ritual del Saludo

Como ya comentamos en la entrada anterior, hoy vamos a hablar de cómo se saludan los perros. Mucha gente no se ha dado cuenta de que tienen un ritual, igual que nosotros. ¿Verdad que cuando nos presentan a alguien y queremos dar una buena impresión no vamos directamente hacia esa persona con actitud amenazadora, ni la miramos fijamente, ni nos ponemos a 2 milímetros de ella invadiendo su espacio, y mucho menos le acariciamos la cabeza o le gritamos? Si queremos causar buena impresión, nos acercaremos despacio, dejaremos un espacio respetuoso, nos daremos la mano o dos besos según el tipo de relación, sonreiremos, hablaremos con un tono de voz afable… En definitiva, somos educados. Pues los perros también tienen su protocolo. Y además, conocerlo nos ayudará a saber si un encuentro va a ser positivo o no.

Cuando dos perros van a cruzarse y quieren mostrar que son educados, comenzarán a hacerse señales de calma. ¿Os acordáis de ellas? Son señales que, en este caso, realizará un perro para mostrarle al otro que va en son de paz y que no constituye un problema por el que deba preocuparse. Si el otro perro ve esas señales y las entiende, le contestará de la misma manera.

IMG_0101La primera señal de calma que suelen hacer es ralentizar el paso y acercarse dando un pequeño rodeo. Veremos que nunca suelen acercarse en línea recta, siempre trazan un pequeño semicírculo (a no ser estemos en una acera muy estrecha o transitada y el espacio se lo impida). Durante esa curva, pueden seguir haciendo múltiples señales de calma. Las más comunes son lamerse el hocico, desviar la mirada, girar la cabeza o ponerse a olfatear el suelo. Aquí, las personas no entienden qué es lo que está sucediendo y empiezan a impacientarse: “Venga, ¡dile hola al perrito!”, “¿Por qué te paras? ¡¡Anda!!”… El equivalente a oler el suelo en nuestro lenguaje, sería “disimular”. Imagina que te quedas mirando a una chica/o mientras esperas el autobús porque te han gustado las gafas que lleva, y de repente esa chica/o percibe tu mirada, se gira y pone cara de: “¿qué pasa?, ¿qué estás mirando?”. ¿Cómo reaccionamos nosotros? Normalmente intentamos disimular bajando rápidamente la mirada hacia el móvil, por ejemplo, o la desviamos hacia otra cosa que esté cerca de la chica/o como diciendo: “nada, nada, no te miraba a ti, sólo estaba mirando lo que tienes detrás”… Le estamos queriendo demostrar que no intentábamos molestar. Pues es lo que hacen los perretes cuando van a encontrarse y se ponen a olfatear o a mirar otra cosa. Se están diciendo: “tranquilo, puedes acercarte que yo estoy aquí a lo mío y no soy ninguna amenaza”. Es una señal que nosotros también podemos utilizar cuando un perro tenga miedo ante nuestra presencia o desconfíe de algo que estamos haciendo. Se trata de centrar nuestra atención en algo diferente, mostrándonos ocupados, y significa: “no soy peligroso, yo estoy aquí a lo mío, tranquilo, no voy a hacerte nada”.

Finalmente, cuando los perros acaben de comunicar sus intenciones, se irán acercando, y normalmente, al trazar esa curva, llegarán a olerse por detrás. Esto sería el encuentro perfecto. Un encuentro en el que hay muchas probabilidades de que los perros se huelan correctamente y si se gustan, lleguen incluso a ponerse a jugar. Hay perros que, si ya se conocen y son colegas, se saltan todo este protocolo y van directamente, igual que haríamos nosotros cuando saludamos a un amigo. Con los amigos hay confianza. Pero aún en este caso, si nos fijamos, seguro que alguno de ellos hace alguna señal de calma.

Cuando un perro está muy nervioso (hay perros que salen a la calle muy estresados) puede que no vea las señales de calma que le hacen los demás. Es entonces cuando puede ver peligro donde no lo hay y lanzarse directamente a ladrar. Cuando nosotros estamos muy estresados, cualquier cosa nos altera y somos más susceptibles de enfadarnos o malinterpretar comentarios o situaciones. Lo mismo les ocurre a los perros. Por eso, si es nuestro caso, podemos ayudar a nuestro perro nervioso en el encuentro con otros perros. Dentro de nuestra mano está, cuando se vaya a cruzar con otro, el ayudarle a trazar esa curva o lanzar unos premios al suelo para que olfatee. Hay que evitar, en la medida de lo posible, los encuentros muy directos, en línea recta y de frente. Sólo con situar al perro en el lado contrario al que va a pasar el otro perro, quedando nosotros en medio, ya introducimos una mejora. Es importante no dar tirones para realizar cualquiera de estas acciones. Podría interpretar que los tirones son por culpa del otro perro, y eso puede desencadenar un encuentro muy feo. Debemos dirigirlo con un premio o haciendo alguna señal para que nos mire.

Los cachorros son más destartalados y se acercan de manera más directa. Ante un adulto pueden tender a lamerse mucho el hocico o a intentar lamer al otro perro. Intentan parecer dulces y buenos para que el otro no se enfade y sea cuidadoso. Hay cachorros más confiados que irán corriendo y se darán de bruces con el otro perro. Si topan con un adulto con paciencia, será la mejor manera de que aprendan educación canina. El adulto le dará el costado, girará la cabeza o se pondrá a olfatear intentando inducir al cachorro a hacerlo. Le está enseñando que para saludar primero debe calmarse y debe ser respetuoso. Eso es veinte veces más productivo que cualquier corrección o tirón de correa por nuestra parte.

Como vemos, los perros son muy visuales. Utilizan mucho los movimientos de su cuerpo para interpretar las intenciones del otro. Todas las señales de calma y toda su comunicación, pasa por el movimiento de su cuerpo o de su cabeza. De ahí la importancia de utilizar correas largas y un arnés o collar amable. ¿Podéis imaginar los movimientos tan raros y tan fáciles de malinterpretar que puede hacer un perro que va cogido del morro con un halti? Un halti, un collar de pinchos o una correa de 20cm no le permite apenas moverse. No le permite comunicarse. Y eso puede traducirse en muchos problemas de socialización.

No olvidemos que son los perros los que hablan el mismo lenguaje. Muchas veces intentamos interceder sin comprender nada y no hacemos más que empeorar la situación. Mucho mejor es observar su comunicación y aprender a interpretarla. Nos ahorrará muchas confusiones.

PASEOS: Por favor, no tirar, perros saludándose

pasear-al-perroEn el anterior artículo hablamos de la importancia de dar un buen paseo con nuestro perro. Recomendaba utilizar una correa larga para que pueda moverse tranquilamente y sin tirones, y hablé de la importancia de dejarles olfatear para su equilibrio mental.

 

Hoy vamos a hablar de otro de los puntos clave de un buen paseo: Qué podemos hacer nosotros para que nuestro perro se relacione con otros de su especie de manera saludable. Dentro de relacionarse, englobo desde un simple saludo y que cada uno siga su camino, a que lleguen a jugar o que simplemente pasen por el lado y no se digan nada si no les apetece. Estas relaciones sólo pueden ser saludables si hay ausencia de tensión o tirones en la correa, y ahora veremos por qué.

 

CorreaSeguro que todos hemos observado alguna vez que cuando dos perros sueltos se saludan no suele haber altercados, y que cuando van atados parece que quieran matarse. El motivo aquí es clave: La correa. ¿Y quien maneja la correa? Nosotros. Nuestros perros notan cada tirón o tensión que hagamos sobre ésta. Y no sólo lo notan, sino que lo pueden interpretar de manera equivocada. La correa debe ir firmemente cogida, pero sin tensión.

 

Si cada vez que nuestro perro quiere saludar a otro, le pegamos fuertes tirones de correa y nos enfadamos o alzamos la voz; nos verá nerviosos o asustados y creerá que el otro perro es peligroso, ya que de no ser así, actuaríamos de manera normal. Asociará que cada vez que aparece un perro, él recibe un daño físico. Si cada vez que nos cruzáramos con una persona de otra raza nuestra madre nos hubiera presionado nerviosa el brazo y nos hubiera dado tirones para alejarnos de esa persona, ahora mismo todos seríamos racistas. Lo mismo ocurre cuando damos tirones porque queremos que nuestro perro venga a nuestro lado o porque tenemos prisa. Si cualquiera de estas tensiones ocurren mientras nuestro perro está mirando, oliendo o pasando al lado de otro perro, muy probablemente hará una asociación indebida entre perros y tirones y tendremos un perro poco sociable con los suyos. Ladrará a todo aquel que pasa por su lado para intentar ahuyentarlo, y en el peor de los casos se le etiquetará de “agresivo” o “dominante”.

 

Si nuestro perro ladra a algún otro perro y es algo esporádico, no debemos generalizar, porque sólo conseguiremos que vaya a peor. Si ya es algo mecánico (además de los tirones puede que haya sufrido alguna experiencia desagradable con otro perro o una mala socialización), deberemos consultar con un profesional que evalúe la situación en su conjunto. Todos hemos gritado cosas como “¡No!”, “¡Shhh!”, “¡Calla!” y tirado de ellos cuando ladran a otro perro, ¿Alguien ha conseguido que eso mejore su comportamiento? Pensémoslo… porque igual es hora de cambiar de táctica. Puede que en el momento se hayan callado del susto, pero el siguiente perro que venga será peor. Poco a poco los ladridos se producirán antes y cada vez con más intensidad.

 

Demos la oportunidad a nuestro perro de que sea él quien valore si quiere o no saludar a otro. Habrá algunos con los que se lleve bien y otros con los que no. No pasa nada. A nosotros tampoco nos cae bien todo el mundo. Los ladridos también forman parte de su lenguaje y es su forma de decirse “no me has gustado”, “has sido muy brusco al acercarte” o “baja esos humos, que yo solo quería saludarte”. En ese caso, sujetando firmemente la correa, nos alejaremos de la situación (ahí se producirá un poco de tensión en la correa mientras nos vamos, debe ser la mínima posible y no debe haber tirones). No dejamos que se queden ladrando uno delante del otro porque eso sólo hará que el comportamiento vaya a peor. Nos marchamos sin decir nada ni perder la calma. Nuestra voz es un refuerzo para ellos, y en este caso estaríamos reforzando el comportamiento de ladrar. Y si encima nos enfadamos, nuestro perro notará más estrés en la situación y estaremos dándole más razones para ponerse más nervioso. No podemos pedirle a alguien que se calme a gritos.

 

Al principio de tener a Sheena, mi podenca, yo la alejaba de los niños por respeto (había niños que le tenían miedo y madres que ponían mala cara si pasábamos muy cerca). Al poco tiempo empezó a ladrarles a todos. Asoció que los niños eran peligrosos porque yo no dejaba que se acercara a ninguno de ellos. Costó tiempo y premios conseguir transformar esa asociación negativa en positiva.

 

De ahí la importancia de que cuando paseemos, la correa no debe tener tensión alguna y debemos evitar cualquier tirón. Una asociación indebida se crea enseguida y cuesta muchísimo de deshacer. Si lo pensamos es un poco triste, pero los humanos somos los únicos capaces de conseguir que otro animal sea capaz de odiar a todos los de su misma especie.

Siempre oímos que el perro es el mejor amigo de las personas. Y es cierto. Ellos nos respetan, se esfuerzan por intentar entendernos, siempre están a nuestro lado cuando los necesitamos, nos perdonan todos nuestros enfados… Hagamos que esta afirmación sea cierta también al revés. Seamos nosotros el mejor amigo del perro. ¿Os imagináis paseando con un colega y comportándonos con él igual que lo hacemos con nuestro perro, a tirones y gritos?  

 

En la próxima entrada hablaremos de cómo se realiza un encuentro adecuado entre perros y cómo detectar las señales que nos indiquen si irá bien o no. Pero mientras, liberemos a nuestros peludos de los incómodos tirones. Nos lo agradecerán mucho.

PASEOS: El momento de oler el mundo

Hoy vamos a hablar de la importancia de dar un buen paseo. Para algunas personas (y perros) los paseos pueden ser una auténtica tortura. Tenemos que sacar a pasear a nuestro perro todos los días, varias veces al día, así que vamos a intentar que se convierta en un momento de relax, desconexión y disfrute para nosotros y nuestro compañero.

Los paseos tienen muchísima importancia en el comportamiento y estado emocional de nuestra mascota. Un paseo puede convertirse en algo relajante que calme a nuestro perro o en lo que le cargue para estar nervioso el resto del día. Si el paseo se convierte en algo estresante y lo repetimos día tras día, estaremos moldeando a un perro muy nervioso, poco sociable o miedoso. Además, si cada vez que volvemos del paseo lo hacemos enfadados porque no hemos dejado de dar tirones de correa y gritos, nuestra relación se va a ver muy afectada.

Uno de los paseos que demos a lo largo del día debe ser más largo y distendido. Recordemos que salimos porque nuestro perro tiene unas necesidades que no se limitan a las fisiológicas: Los perros necesitan olfatear, hacer ejercicio y relacionarse. Es muy difícil que un perro que sólo baja 5 minutos al parque de enfrente de casa para hacer sus necesidades y se lo suben corriendo a tirones, sea un perro equilibrado.

Para que ellos y nosotros podamos ir cómodos, recomiendo utilizar una correa larga (mínimo de 1,5 m). Con una correa más corta es muy complicado que el perro pueda hacer tranquilamente sus necesidades, oler algo o relacionarse con otros perros sin que existan tirones. En la próxima entrada explicaré cuál es la forma correcta para que dos perros se saluden, pero adelantaré que es muy importante la ausencia de tirones y tensión en la correa en ese momento. Una correa larga permite que la acortemos en situaciones donde debamos llevar a nuestro perro al lado (como en aceras estrechas o lugares concurridos), pero nos permite darle más libertad cuando lleguemos a un parque o a una zona más ancha. Una correa corta no la podemos alargar nunca.

Hablemos ahora de su olfato. ¿Por qué es tan importante que olfateen? Los perros necesitan olfatear igual que nosotros necesitamos ver. Su olfato es su mejor sentido. La nariz es la vía más rápida por la que la información llega al cerebro. ¿Verdad que alguna vez hemos olido algo y automáticamente nos aflora un recuerdo o un sentimiento relacionado con ese olor?. La nariz humana tiene unos seis millones de receptores para captar las moléculas que conforman los olores. Un perro tiene más de trescientos millones. Dejarle olfatear es un ejercicio buenísimo para ellos ya que les estimula mucho mentalmente. Concentrar toda su atención en rastrear un olor permite que se olviden de sus miedos y que canalicen el exceso de energía. Hay que dejarles olfatear tranquilamente.

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En la foto, Sansón, Nora y Bombón buscaban por el suelo unos premios de comida que habíamos esparcido previamente. Es un ejercicio muy bueno que podemos practicar con nuestra mascota y que se puede utilizar en momentos de estrés para calmarla. ¿Os acordáis que en el artículo anterior dijimos que olfatear era también una señal de calma?

 

Los paseos deben hacerse por zonas tranquilas donde nuestro perro pueda olfatear. Si vamos por zonas con mucha gente o mucho tráfico nuestro perro tendrá demasiados estímulos y le costará centrarse en los olores. Sería genial que pudiéramos ir variando la ruta, ya que a nuestro perro le encantará conocer sitios y olores nuevos de vez en cuando. Si siempre vamos al mismo parque con los mismos perros es como si nosotros sólo saliéramos de casa para ir siempre a la misma cafetería con la misma gente, y nunca probáramos otra. Además, un buen paseo largo y tranquilo hace que nuestro perro cree o mejore el vínculo afectivo que tiene con nosotros (y es genial si acabamos de adoptar a nuestra mascota). De esta manera aprende que pasear a nuestro lado puede ser muy divertido. Que le guste pasear con nosotros es muy importante, ya que vamos a invertir mucho tiempo en ello. Es cierto que un perro necesita correr y descargar energía física, pero nos sorprendería cómo pasear cumple la misma función o la cumple mejor que tenerlo una hora persiguiendo una pelota.

Los tirones de correa son determinantes para que un paseo sea bueno o no. Imaginemos que paseamos por la calle cogidos de la mano de nuestra pareja y cada vez que nos paramos a mirar una tienda o a saludar a alguien nos arrastra a tirones y no nos da ninguna explicación. ¿Cómo volveríamos del paseo? Los tirones pueden ser muy peligrosos para el equilibrio mental de nuestro perro. ¿No sería mejor utilizar premios y señales para que camine a nuestro lado? Si cuando va a nuestro lado le damos algún premio, aprende que caminar junto a nosotros tiene consecuencias positivas y fomentaremos que lo haga más a menudo. En cambio, si solo utilizamos tirones fuertes de correa, estar a nuestro lado se convierte en algo muy desagradable que el perro tenderá a evitar o que hará por miedo a recibir un castigo físico.

Los paseos son algo muy importante en la vida de nuestro perro. Es uno de los momentos más preciados de su día: Es el momento de compartir su tiempo con nosotros (somos lo que más quieren), de “mirar” con su nariz el mundo que les rodea, de conocer sitios nuevos, de relacionarse con los suyos, de jugar y de hacer ejercicio. ¡Disfrutémoslo!

Señales De Calma: HABLA CON TU PERRO

Imaginemos una madre paseando con su hijo pequeño por el parque. De pronto se encuentra con una señora mayor a la que no veía desde hace tiempo. Se saludan efusivamente y de repente la señora repara en el pequeño. “¿Este es tu hijo?” E inclinando todo su cuerpo por encima de él, le grita: “¡¡Precioso!! ¡Pero que niño más guapo! ¿Me das un besito? ¡Ven, tonto, dame un beso!”

¿Estáis visualizando al niño, verdad? A todos nos ha pasado y habremos reaccionado de manera similar: El niño ve venir a una señora enorme que grita, que se abalanza sobre él con su manaza por delante para revolverle el pelo, que pretende establecer contacto, demasiado contacto, ¿y encima un beso? ¡Sí, hombre…! ¡Si hay veces que incluso lleva bigote! No, no nos apetece, ¿verdad? ¿Qué hicimos de niños? Bajamos la cabeza, la giramos en sentido contrario a la señora (igual si no la miramos nos deja en paz), nos miramos las manitas para disimular, o retrocedemos detrás de nuestra madre pidiéndole auxilio.

Algo parecido pasa todos los días con los perros. Y su comportamiento se parece mucho al de los niños. Son muchas (y hemos sido muchas, me inlcuyo) las personas que cuando vemos a un perro nos abalanzamos sobre él (sin importarnos lo pequeño que sea y lo gigantes que seamos desde su perspectiva) para tocarle la cabeza y achucharlo, llegando incluso a cogerlo en brazos. ¿Os imagináis lo que estará pensando el perro?

A los perros no se les debe acariciar por encima de la cabeza. Es un movimiento muy agresivo para ellos, igual que lo sería para nosotros. Lo ideal es esperar a que el perro nos pida contacto, pero si tenemos unas ganas irrefrenables de acariciarlo, lo más educado por nuestra parte es agacharnos a su lado (de cuclillas) y ofrecerle nuestra palma de la mano por debajo de su cabeza. Muchos de ellos, sólo con que nos agachemos, correrán a nuestro encuentro felices de que alguien les entienda y nos recompensarán con muchos lametones. Desde ahí ya podemos empezar a acariciarles el costado o la parte inferior del cuello. Son zonas que les encanta. Si no podemos agacharnos, basta que les ofrezcamos la palma de nuestra mano, pero siempre por debajo.

Con todo esto no estoy diciendo que no se les pueda acariciar la cabeza. A muchos les encanta, pero no de manera directa. En perros que hayan sufrido alguna vez maltrato es una posición muy parecida a la que tomaría su dueño si quisiera pegarle. No todos los perros tienen la suerte de haber asociado las manos de las personas con algo bueno. Por eso agacharte a su lado, ponerte a su altura y ofrecerle tu mano es un gesto muy bonito que seguro que todos aprecian. El niño probablemente habría reaccionado de manera distinta si la señora le hubiera hablado de manera suave y desde su altura.

De todas maneras, cada perro es un mundo, y la mejor manera de saber qué les gusta y qué no, es que ellos mismos nos lo digan. Y siempre lo hacen con su lenguaje: Las Señales de Calma. Son señales que realizan para indicar que van en son de paz ante un encuentro con otro individuo o para autocalmarse en situaciones estresantes o que no les gustan. Así que, os invito a que comprobéis por vosotros mismos cuándo hace vuestro perro alguna de estas señales y me encantará que las compartáis conmigo en los comentarios.

Las Señales de Calma más comunes son éstas:

  • Ladear o girar la cabeza hacia un lado (desviar la mirada)
  • Lamerse el hocico
  • Desperezarse
  • Olfatear algo
  • Bostezar

Nuestro niño del ejemplo, hacía algo muy similar. Ambos nos están diciendo: “Así no me gusta. Me estás asustando”.

Es un lenguaje apasionante: Está diseñado para evitar conflictos y transmitir calma, lo que hace que todavía sean más maravillosos. Nos hacen estas señales constantemente, esperanzados de que alguna vez las entendamos y les saquemos de la situación que les causa estrés. Tu perro se llevará una gran alegría cuando vea que comprendes lo que te dice y que lo utilizas para mejorar vuestra relación. Sentirse escuchado y respaldado por ti reforzará vuestra confianza. Y saber cuándo tu perro se siente estresado te ayudará a entender muchos de sus comportamientos.

Señal de Calma

En la foto he logrado captar el momento exacto de una de ellas, y probablemente la que más repiten a lo largo del día: Lamerse el hocico. Es muy rápida, hay que fijarse mucho para verla, pero es muy corriente. Para conseguir la foto, tuve que hacer algo que ha Sheena no le gusta que haga: abrazarla. Así que le pido perdón, pero sabía que enseguida me contestaría lamiéndose el hocico para pedirme espacio y para calmarse ante una situación que le estresa.

Seguiremos analizando el resto de señales y cómo utilizarlas, pero si alguien quiere saber más sobre el tema, le recomiendo que se haga con uno de estos dos ejemplares:

  • El lenguaje de los perros: Las señales de calma, de Turid Rugaas. Es la primera persona que observó esta manera de comunicación y es un básico para todo dueño de perro.
  • Sobre perros que dejaron de morder cuando las personas empezaron a escucharles, de Jaime Vidal Guzmán. Uno de los mejores educadores caninos en positivo de España.

¿Cuántas veces hemos escuchado que “sólo les falta hablar”?. Bueno, pues ya lo hacen. Solo hace falta escucharles.

HAZLO DIVERTIDO EDUCANDO EN POSITIVO

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Mi primera entrada es sobre la Educación en Positivo porque me parece uno de los pilares básicos para empezar a entendernos con nuestro perro. Trabajaremos con premios que pueden ser comida, juguetes… ¡lo que más le guste a nuestro perro! Y esa será nuestra manera de decirle que lo que acaba de hacer nos gusta. Los perros aprenden por asociación, por lo que repiten las acciones que les traen consecuencias positivas y dejan de hacer las que no les traen ningún beneficio. Nosotros vamos a jugar con esto y por ello, debemos premiar todo aquello que nos gusta y que queremos que repitan, e ignoraremos las conductas indeseables. Aquí mucha gente se echará las manos a la cabeza “¿cómo voy a ignorarlo si lo pillo mordiéndome un zapato carísimo??” Bueno, aquí viene nuestra capacidad como seres humanos de prever las acciones y de anticiparnos a ellas. Si tenemos un cachorro que lo explora todo y dejamos cosas apetitosas al alcance de su boquita, probablemente acaben entre sus dientes. Debemos esconder todo aquello que no queramos que coja y dejarle por el suelo juguetes o mordedores para facilitarle la tarea de buscar algo que agujerear. Tengo una amiga que dice que lo ha probado todo: le ha reñido, le ha gritado, le ha castigado, le ha pegado… y todo sin ningún resultado, llegando incluso a empeorar la situación. ¿por qué no probamos a darle un premio? Por ejemplo, jugar con él cuando coja el mordedor. El mordedor se convertirá para él en algo súper divertido, porque no solo calma su dolor de dientes, sino que además consigue que juguemos con él. ¿Y si vemos que se dirige hacia el sofá directo a hincarle el diente? Lo llamamos y lo premiamos jugando con el mordedor en cuanto venga. O le damos un trocito de comida en cuanto acuda a nuestra llamada. Nos anticipamos. En primer lugar, hemos evitado que muerda algo que no queríamos que mordiera (a la larga, el sofá dejará de ser algo que se pueda morder, ya no se le ocurrirá ir a por él), en segundo lugar, hemos practicado y premiado que venga cuando le llamamos por su nombre y en tercer lugar, estamos haciendo que asocie que cuando necesite morder algo, coja el mordedor.

El perro no sabe que morder un zapato o el sofá está mal. Está blandito y le calma el dolor de los dientes que empiezan a salir, por lo tanto es algo bueno. No entiende que el sofá o los zapatos son caros y les tenemos aprecio. Eso son valores relacionados con el dinero que le ponemos las personas. Los perros necesitan morder, sobre todo de cachorros. Es su manera de explorar el mundo, como cuando los bebés se llevan cosas a la boca. Por lo tanto no entienden el motivo de la riña aunque les pillemos justo en el momento de hacerlo. Reñirles o castigarles solo les creará confusión y estrés. No entienden qué ha pasado para que nos pongamos así. Incluso podemos llegar a hacer que asocien que nos hemos puesto nerviosos por algo que sucedía simultáneamente a lo que estaban haciendo, por ejemplo, tirar un petardo en la calle. Y ahí podremos crear un perro con miedo a los petardos. Estos arrebatos pueden hacer que la relación del perro con nosotros se base en el miedo. Y eso es lo peor que puede suceder. Aunque parezca que estamos deteniendo la conducta, no la estamos corrigiendo. El cachorro parará de morder el sofá porque se ha asustado, no porque sepa que está haciendo algo mal. La conducta no se extingue, sino que es posible que se repita cuando no estemos nosotros delante.

Con este ejemplo pretendo ilustrar el funcionamiento básico de la Educación en Positivo. Por supuesto, cada perro es un individuo diferente y habrá que valorar los problemas en su conjunto. No hay trucos que sirvan para todos por igual. Hay que conocer a cada perro en su circunstancia. Pero la relación mejorará muchísimo si en vez de fijarnos solo en lo negativo, empezamos a ver todas las cosas buenas que hace. Empecemos a utilizar el “¡MUY BIEN!”. Podemos darle premio cuando le llamemos y venga, cuando camine a nuestro lado…

Es verdad que la Educación en Positivo conlleva trabajo, paciencia y constancia. Pero veremos que esta manera de educar es la que más beneficios aporta a nuestra relación con nuestros peludos y la que mejor resultado nos da a largo plazo. Gracias a ella, tendremos un perro motivado, pendiente de nosotros y dispuesto.

Aunque pueda parecer complicado, poco a poco veremos cómo todo se simplifica cuando empecemos a entender a nuestro perro y su manera de actuar. Tienen un lenguaje propio muy completo que nos facilitará muchísimo las cosas. Pero de ello hablaremos en las siguientes entradas, ¡así que no te las pierdas! ;-D